Vie. Jul 19th, 2024

SEGURIDAD

HACIA LAS 0 VÍCTIMAS EN CARRETERA PARA 2050

Si no fuera necesario, no sería obligatorio: así impulsa Europa la creación de un entorno urbano más seguro

  • Las tecnologías para la seguridad que elimina puntos muertos y detecta peatones y otros usuarios ya son obligatorias
  • Estos avances tecnológicos de empresas como Mobileye nos hablan de un futuro en el que las víctimas de tráfico podrían ser mínimas
  • El R151 regula sobre sistemas de información sobre puntos ciegos y el R159 sobre los sistemas de información de arranque para la detección de peatones y ciclistas que están circulando también por la vía.
Por Elías Izquierdo, CEO de Sistemas ADAS

La Unión Europea se ha propuesto un objetivo muy ambicioso: evitar cualquier fallecimiento en la carretera a partir del año 2050. Afortunadamente para todos nosotros, los que conformamos el sector de la movilidad, Europa apuesta por la mejora continua en materia de seguridad.

Después de que los desarrolladores de soluciones de seguridad, sistemas de asistencia y el impacto probado de estas tecnologías en las cifras de siniestralidad, hablasen por sí solas, Europa ha visto necesario intervenir en la creación de un entorno urbano más seguro para usuarios vulnerables, turismos y movilidad pesada.

Hablamos del acuerdo internacional europeo UE 2019/2144. En particular ha sido con la llegada del GSR (General Safety Regulation) como se ha empezado a regular de forma seria y estricta la estandarización de sistemas de seguridad avanzados en los vehículos. Este reglamento aplica a todos ellos y en particular para los autobuses, merece la pena destacar dos normativas que por fin nos están ayudando a dar un paso más para la protección de los ángulos muertos de los vehículos pesados: el R151 y el R159.

El R151 regula sobre sistemas de información sobre puntos ciegos y el R159 sobre los sistemas de información de arranque para la detección de peatones y ciclistas que están circulando también por la vía. Precisamente estos suponen retos diarios para el conductor, que se enfrenta a una visibilidad limitada y a un entorno con mucha densidad de peatones y ciclistas.

Para resolver esos retos, existe tecnología. Ejemplos como Mobileye Fisheye ya son una realidad a través de cámaras con detección de puntos ciegos que advierten al conductor de que hay un usuario vulnerable en ese ángulo y alerta evitando la colisión.

Estas y otras tecnologías, que son la respuesta a la exigencia de Europa, ya son una realidad que se está incluyendo en los vehículos que se van a homologar. Pero se han generado otros retos. La inexistencia de soluciones como los sistemas ADAS en las flotas que están en circulación siguen suponiendo un freno para alcanzar ese ambicioso -pero posible- objetivo que marca Europa.

Cuando la meta “visión cero” ya se está asumiendo por parte de todos los stakeholders y Europa convierte en obligatoriedad lo que hasta ahora era una recomendación, no podemos seguir teniendo flotas de autobuses que se quedan obsoletas en materia de seguridad.

Por eso es tan importante tener en cuenta que, en este sector, implantar tecnología en vehículos que ya están en circulación, también es una opción. Nosotros llevamos años divulgando en torno a esta necesidad y concediéndole a la reducción de la siniestralidad la importancia que merece. Y siempre lo hemos hecho desde la tecnología. Porque esta existe, es accesible y a través de ella podemos dotar a las flotas más antiguas de la seguridad que necesitan para igualarse a las nuevas y conseguir un parque móvil más estandarizado a este respecto.

Ya sabemos que a partir de 2024 no se van a fabricar flotas de autobuses sin sistemas de seguridad avanzados y que, desde luego, estos no van a tener un papel protagonista solo en turismos. Pero existe un alto porcentaje de flotas de autobuses que ha sido homologadas y matriculadas antes de que el reglamento europeo entre en vigor, que deberían equipararse a los nuevos vehículos. Y considero que esto no solo solo tiene que ser así para cumplir con la normativa, sino también para contribuir a la configuración de ese entorno urbano que Europa por fin reconoce como ideal: el que a través de la tecnología es más seguro para todos.

Esta evolución es lo más natural para nuestro sector. Seguir mejorando no solo es una cuestión de relevancia para las empresas, y la colaboración público-privada sigue siendo la clave para elevar esta discusión lo suficiente como para conseguir normativas que nos lleven al punto óptimo.

Hoy en día sería una locura imaginar un turismo sin cinturón de seguridad o sin airbag, porque llevamos décadas trabajando en proteger al conductor y pasajeros de posibles consecuencias o accidentes en la vía. Pues si extrapolamos eso al autobús, está claro que este tipo de vehículos no deberían circular sin la tecnología que haga de ellos medios más seguros. Europa dice que esta existe y que funciona. Ya solo nos queda utilizarla.

Ahora el debate está en cómo hacer convivir, con el menor riesgo posible, la circulación de autobuses urbanos y la micromovilidad. Esos usuarios vulnerables -ciclistas, peatones, patinetes eléctricos- son una preocupación para Europa y su forma de demostrarlo es teniendo más en cuenta los riesgos de la movilidad pesada; como los ángulos muertos.

Y aunque no debemos bajar la guardia ante la misión que nos ocupa, que no va a dejar de trabajar en aras de conseguir ciudades más seguras a través de la tecnología, sí podemos sentirnos orgullosos de haber conseguido que Europa hable, se posicione y regule. Porque solo así se ha demostrado que lo que es necesario debe dejar de ser una opción, para ser una obligación.