Madrid / Bruselas — junio de 2026
La industria europea del transporte por carretera ha elevado la presión sobre las instituciones comunitarias para reforzar el “Made in Europe” como eje estratégico de política industrial. En este contexto, los fabricantes de autobuses han dado un paso al frente y se han sumado a una reivindicación conjunta que busca proteger la producción local frente a la creciente competencia global, especialmente procedente de Asia.
La iniciativa, que se enmarca en el debate sobre la futura Ley de Aceleración Industrial de la Unión Europea, plantea la necesidad de garantizar que los fondos públicos y las licitaciones de transporte prioricen vehículos fabricados en territorio europeo, en un momento clave para la transición hacia la movilidad sostenible.
Una carta abierta del sector del autobús
El movimiento ha cobrado especial protagonismo tras la firma de una carta abierta dirigida a la Comisión Europea por varios fabricantes clave del sector del autobús. Entre las compañías firmantes destacan:
- Solaris Bus & Coach (Polonia, grupo CAF)
- VDL Bus & Coach (Países Bajos)
- HESS (Suiza)
- Beulas (España)
A esta corriente también se ha sumado el grupo CAF-Solaris, reforzando el peso del sector industrial vinculado al transporte público.
En su comunicado conjunto, los fabricantes reclaman medidas concretas para introducir criterios de contenido local en la contratación pública de autobuses, así como un marco regulatorio que garantice condiciones de competencia equitativas frente a fabricantes de terceros países.
Preocupación por la competencia exterior
El sector denuncia que el actual sistema permite que dinero público europeo termine financiando vehículos fabricados fuera de la Unión, mientras algunas empresas extranjeras compiten con ventaja gracias a subvenciones estatales en sus países de origen.
Esta preocupación se enmarca en un contexto de creciente presión internacional. La Comisión Europea reconoce que la industria del automóvil —incluidos autobuses y vehículos pesados— está expuesta al impacto de importaciones a bajo coste, lo que ha motivado el impulso del “Made in Europe” como herramienta de defensa industrial.
Reivindicaciones clave del sector
Los fabricantes de autobuses europeos han estructurado sus demandas en varios puntos principales:
- Introducción de criterios obligatorios de origen europeo en licitaciones públicas
- Reconocimiento del sector como industria estratégica dentro de la UE
- Ajustes en la normativa de emisiones y contratación pública
- Medidas para evitar la deslocalización industrial y la pérdida de empleo
Además, reclaman una transición ecológica “realista”, alertando de que los objetivos climáticos solo podrán cumplirse si van acompañados de inversiones, infraestructuras y condiciones adecuadas de mercado.
El papel estratégico del autobús en Europa
La relevancia del sector va más allá de lo industrial. Los fabricantes recuerdan que los autobuses son una pieza esencial de la movilidad urbana y del sistema económico europeo, al ser un medio clave para millones de ciudadanos y empresas.
En paralelo, el mercado sigue en transformación. Grandes grupos como Daimler (Mercedes-Benz), Volvo, Iveco, MAN o Irizar lideran la transición hacia vehículos eléctricos, mientras compañías como Solaris o VDL han ganado protagonismo en las flotas urbanas sostenibles.
Un ejemplo reciente es el caso de Madrid, donde el mayor contrato de autobuses eléctricos de la EMT en 2026 fue adjudicado exclusivamente a fabricantes europeos —Mercedes-Benz, Solaris e Irizar—, tras la exclusión de una empresa china, lo que refleja la sensibilidad creciente en torno al origen industrial.
Un debate abierto en Bruselas
La reivindicación del “Made in Europe” aún está en fase de negociación entre la Comisión, el Parlamento y los Estados miembros. Sin embargo, el posicionamiento del sector del autobús evidencia una creciente unidad dentro de la industria europea para defender su competitividad.
Los fabricantes advierten de que, sin medidas de apoyo claras —como energía más barata, reducción de la burocracia o incentivos a la producción—, la exigencia de producir en Europa podría encarecer los vehículos y afectar a toda la cadena de valor.
Conclusión
La ofensiva de los fabricantes europeos de autobuses marca un punto de inflexión en el debate industrial comunitario. En plena transición energética y ante la competencia global, el “Made in Europe” se consolida como una bandera política e industrial, pero también como un desafío: equilibrar protección, competitividad y sostenibilidad en el futuro del transporte europeo.