La Comisión Europea ha lanzado un plan para proteger y hacer más competitiva la industria de la automoción europea ante los fabricantes mundiales, especialmente frente a la industria China, o a las amenazas arancelarias que parecen venir de EE.UU. El nuevo plan europeo contempla incentivos a la compra de vehículos eléctricos, ayudas de 1.800 millones de euros para la fabricación de baterías, e impulsará también la instalación de puntos de recarga. Asimismo, retrasa el cumplimiento de los objetivos de emisiones de CO2 durante tres años.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, indicaba: «fomentaremos la producción local para evitar dependencias estratégicas, especialmente en la producción de baterías. Nos ceñiremos a los objetivos de emisiones acordados, pero con un enfoque pragmático y flexible. Nuestro objetivo mutuo es una industria automovilística sostenible, competitiva e innovadora en Europa que beneficie a nuestros ciudadanos, nuestra economía y nuestro medio ambiente».
El Ejecutivo comunitario presentó hace unos días su Plan de Acción para la Industria Europea del Automóvil que incluye la flexibilización de la normativa de emisiones de carbono, la puesta en común de los incentivos de compra de vehículos eléctricos de los distintos países europeos y la creación de una alianza comunitaria para los vehículos autónomos. Además, Europa habilitará fondos por valor de 1.800 millones durante los dos próximos años para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos en Europa.
Medidas proteccionistas que quieren asegurar la supervivencia de la industria europea en un entorno cada vez más agresivo, teniendo en cuenta además que el sector aporta a Europa un 7% de su PIB. Von deer Leyen afirmaba también que “hay mucho potencial a nivel global en innovación y soluciones limpias. Quiero ver cómo nuestra industria automovilística toma la delantera”. Para la presidenta de la Comisión es unan prioridad “evitar las dependencias estratégicas, sobre todo en la producción de baterías eléctricas”.
El sector de la automoción europeo debe competir con vehículos de producción China, más baratos, y está amenazado ahora también por los aranceles del 25% que Donald Trump quiere imponer a los coches europeos que llegan a EE UU. La solución de Europa consiste en reducir los costes de las materias primas e impulsar la producción local de todos los componentes con el fin de evitar situaciones como la que se produjo ante la falta de suministro de semiconductores por parte de China en 2021.
En este ámbito, Bruselas ha impulsado la creación de plantas de microchips en diferentes Estados miembros, así como acelerar la producción de baterías eléctricas dentro del bloque. En su plan de acción, Bruselas plantea ofrecer 1.800 millones en ayudas directas durante los próximos dos años a los fabricantes europeos para que puedan competir con las baterías importadas, más baratas. La Comisión estudia introducir también requerimientos a las celdas de baterías eléctricas y otros componentes para crear una igualdad de condiciones dentro del Mercado Único para fabricantes europeos y extranjeros.
Además, en materia medioambiental dará tres años más a las empresas para cumplir con sus objetivos de emisiones de C02, lo que librará al sector de multas millonarias.